Lo esencial

Isidro Catela

Lo esencial es invisible a los ojos. No le pasa solo a Saint-Exupèry y a su principito universal. Nos sucede a nosotros también, cada día, en cada logotipo, avatar o foto inspiradora que abraza a una web. ¿Se han fijado en la nuestra? Vuelvan a hacerlo, y, como si de buscar a Wally se tratara, rebusquen, escudriñen y contemplen. Además de un puente y de gente caminando sobre él, tenemos en el fondo un escondido milagro de coral.

También la razón es así: amplia, abierta al horizonte, enorme como océano, con sus arrecifes de coral. Nos pasa, sin embargo, que a menudo le colocamos las anteojeras del cientificismo y la dejamos alicorta, volando bajo y en una sola dirección. No somos capaces de ver todo lo que contiene tan ancha vasija.

Benedicto XVI traza en este pensamiento una de las vértebras de su magisterio: lo esencial, que es mucho, a nosotros a veces nos parece demasiado poco. Escribe, por ejemplo, que Jesús nos trajo a Dios (no la paz, no la justicia, no el fin del hambre y de las guerras). Que nos trajo a Dios, nada más y nada menos, porque desde Dios, lo demás viene por añadidura. Lo que sucede es que a nosotros, en ocasiones, nos parece poco. Así también nuestra razón es mucho más de lo poco y estrecha que la imaginamos.

Allí donde damos a los hombres solo conocimientos, habilidades, capacidades técnicas e instrumentos, les damos demasiado poco. Por eso, comencemos exigiendo mucho, aunque a simple vista parezca escaso el esfuerzo. Solo contemplar, indagar y encontrar el coral. El sentido. Ya habrá tiempo para más cosas. Para recordarles las bases de nuestros Premios, para escribir de arte, de matemáticas, física, de comunicación o de medicina. Para, en definitiva, buscar, como auténticos tesoros escondidos, ejemplos de razón abierta y esperanza sólida en medio de la sociedad líquida que nos envuelve.